El código es la regla: no hay intermediario que interprete el contrato ni que pueda negarse a cumplirlo.
Esa misma rigidez es su riesgo principal. Un error en el código no se corrige con una llamada telefónica, y una vez desplegado suele ser inmutable. Buena parte de las pérdidas históricas en DeFi vienen de fallos de programación, no de movimientos de mercado.
Las auditorías reducen ese riesgo pero no lo eliminan: protocolos auditados por firmas conocidas también han sido explotados.