DeFi reproduce préstamo, intercambio, derivados y gestión de tesorería mediante protocolos abiertos a los que cualquiera se conecta con una billetera.
La métrica más usada para medir su tamaño es el valor total bloqueado, que suma los activos depositados en cada protocolo.
Los riesgos son distintos a los de la banca tradicional: fallos de código, oráculos de precio manipulables, y ausencia de cualquier garantía de depósito. No hay a quién reclamar.