Un activo líquido se puede convertir en efectivo casi de inmediato y cerca del último precio negociado. Uno ilíquido obliga a esperar o a aceptar un precio peor para encontrar contraparte.
Se mide por el volumen negociado, por el diferencial entre la mejor postura de compra y la de venta, y por la profundidad del libro de órdenes: cuánto se puede ejecutar antes de que el precio se mueva.
La liquidez no es una propiedad fija. Desaparece justo cuando más se necesita: en una caída brusca los diferenciales se abren y el mismo papel que ayer se vendía en segundos hoy exige un descuento.