Un backtest da una primera indicación de si una idea tiene sentido, siempre que incluya comisiones, deslizamiento y el hecho de que no todo se ejecuta al precio de cierre.
El fallo más común es el sobreajuste: afinar los parámetros hasta que el pasado luce perfecto. Esa curva no se repite, porque se construyó para describir datos que ya existían.
Otro es el sesgo de supervivencia: probar sobre el índice actual ignora a las empresas que quebraron o salieron de bolsa, y por tanto infla el resultado.